El ovni que vio el profeta Ezequiel (5ta parte)

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Claro que estos sorprendentes relatos, y sus reiteradas variantes, se hacen todavía más significativos a medida que nos retrotraemos hasta los albores de esta rica civilización y nos enteramos que, de acuerdo con el manuscrito Tchi , China fue gobernada durante 18.000 años por una raza de soberanos divinos que, conocidos como los “Hijos del Cielo” (título que luego ostentaron los emperadores por considerárseles descendientes directos de éstos), habrían llegado a la Tierra para fundar el Imperio.

Asimismo, se dice que por entonces los ascensos y descensos entre el Cielo y la Tierra eran cosa de todos los días; al punto que, en el Shu-Chian, o Libro de los Testimonios, se hace mención de que la tierra parecía abrirse y que todo se desmoronaba cada vez que el emperador ascendía. Eso duró hasta que, como se revela en el texto Shoo-King, un rey de la divina dinastía llamado Chang-Ty “observó que su gente había perdido los principios de la virtud; por tanto ordenó (…) cortar toda comunicación entre Cielo y Tierra. Desde entonces no hubo ascensos ni descensos”. Lo cual nos hace evocar las disputas entre los Elohim del Antiguo Testamento y por consiguiente nos lleva a señalar, en un todo de acuerdo con W. Raymond Drake (Dioses y Hombres del Espacio, Ediciones Roca, México, 1979), que evidentemente: “Hay marcados paralelismos entre las creencias religiosas y mitológicas de los chinos y las registradas en las escrituras hebreas…” Y ello, decididamente, llama la atención más allá de la mera casualidad si tenemos en cuenta que, como bien agrega Drake:

“Los ‘Depositarios chinos’, un trabajo de inmensa sabiduría, hace mención de una era de virtud y felicidad: un jardín con un árbol dador de manzanas de la inmortalidad, custodiado por una serpiente alada (un dragón). Prosigue: la caída del hombre, el comienzo del deseo y la guerra… una gran inundación, dioses-hombres nacidos de vírgenes, mesianismo, veneración de una virgen-madre, trinidades, monaquismo…, predicación, oradores, caos primigenio, paraíso…”

En este contexto pues, no parece descabellado hacer un juicio comparativo entre los datos aportados por Ezequiel acerca de la estructura de la rueda por él vista y una muy antigua ilustración china del 1.700 a.C. que representa el “carro volador” del pueblo Chi-Kung, antes mencionado.

Vale aclarar que esta hipótesis de trabajo presentada ahora por mí, es decir, asociar la “rueda de Ezequiel” con la “rueda del carro celestial de los Chi-Kung”, se basa en una llamativa coincidencia de aspecto que bien podría estar relacionada con la función multidireccional del invento patentado por el ingeniero J. F. Blumrich. Ello significa que puede ser no concluyente, pero sí válida al mismo tiempo. Examinemos por lo tanto, en detalle, las imágenes que siguen:

Figura A (izq) y B (der).
Figura A (izq) y B (der).

Figura A (izq) y B (der). La figura A muestra el ingenio patentado por Blumrich, con los segmentos de la rueda en forma de toneletes (el porqué de tales segmentos fue explicado arriba). La figura B muestra similares segmentos, además de ciertas “protuberancias” parecidas a las “cortas piezas troncoides” que Blumrich menciona como necesarias para lograr la resistencia al deslizamiento en dos direcciones y que “podrían ser justificadamente comparadas —por Ezequiel— a ‘ojos’.”

¿Casualidad? Quizá… ¿Coincidencia?

¡A la vista está…! A veces caen “piedras del cielo”…

y se le meten a uno en el zapato Desde luego, lo dicho hasta aquí no es ninguna prueba definitiva de un paleocontacto con visitantes exóticos. En todo caso, diremos que lo que se plantea, sí, es una duda muy razonable. Pero más allá de eso y de las muchas veces infundadas negativas de los acérrimos críticos de la hipótesis del antiguo astronauta (que no quieren ver, ni escuchar ni hablar al respecto… ¡nunca!), nadie intelectualmente honesto puede soslayar ni por un momento la importancia de estar frente a un problema de considerable atención como es el de las “fuentes de inspiración”. Y no estaría de más si alguno quisiera admitir de paso que ese problema y la hipótesis de las paleovisitas van a veces de la mano…

Las declaraciones admonitorias, con apelación a la autoridad, son en ocasiones (las más de la veces) simples falacias… sino pura cháchara. De hecho, hemos comprobado con el tiempo que, en efecto, y contrariamente a lo que decían hace 200 años los eruditos de la Academia de Ciencias de Francia, sí “caen piedras del cielo”. Pero es lamentable que hoy en día otros eruditos sigan caminando en fila india dentro del claustro académico, intentando disimular sus tropiezos al andar, cuando estas otras “piedras que supuestamente no existen” se les meten encima en el zapato… ¡ay!

Por CÉSAR REYES. Estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

Artículo publicado en MysteryPlanet.com.ar: Ezequiel Revisitado: Rueda Multidireccional http://mysteryplanet.com.ar/site/ezequiel-revisitado-rueda-multidireccional/5/

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