El ovni que vio el profeta Ezequiel (4ta parte)

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En buena medida, la correcta interpretación del diseño y función de estas extrañas ruedas no ha sido algo sencillo de entender para la mayoría de los lectores. Y tampoco para algunos autores, hay que decirlo.

Sin embargo, tan pronto la explicación es comprendida se tiene una justa idea de un mecanismo que no es demasiado complicado ni alejado por completo de lo que nuestra tecnología actual puede concebir, como veremos más adelante.

Pero, dejemos que sea ahora el ingeniero Joseph Blumrich (Ezequiel vio una nave extraterrestre. Editorial ATE, 1979, España) quien nos hable al respecto: “Las ruedas permiten un movimiento rodante en todas direcciones, sin que por ello necesiten virar.Esta complicada condición será realizable de la manera más sorprendentemente sencilla.

”Representémonos la llanta de un neumático de automóvil (ver abajo figura A sobre esquema de movimiento multidireccional). Va rodando de la manera conocida, en dirección de la flecha 1. Pero cuando la giramos sobre sí misma (como se muestra por la flecha 2), entonces ha de moverse a lo largo de la flecha 3, en ángulo recto a su dirección acostumbrada. Mediante una apropiada combinación en ambas direcciones de rotación, la cámara rodará a lo largo de cualquier dirección deseada. Con ello está solucionado en principio el problema. En la figura (B) se muestra el más sencillo diseño resultante de la aplicación de este principio. Vemos el ‘neumático’ dividido en un número de segmentos en forma de toneletes conectados por radios al cubo de la rueda. Las dos direcciones de rodaje resultan, por una parte por la rotación de la rueda en torno a su cubo, y por la otra por la rotación de los segmentos en torno a sus propios ejes.

Figura A (izq). Figura B (der).
Figura A (izq). Figura B (der).

” Figura A (izq). Figura B (der). ¿Pero dónde encajan en esta descripción los reiteradamente mencionados “ojos” que según Ezequiel tenían por todas partes las ruedas? Blumrich también nos lo explica:

“En la figura (B) se muestran los segmentos en forma de toneletes, como teniendo una superficie lisa, lo que daría por resultado un mínimo de fricción entre rueda y suelo. Para aumentar la fricción, o la resistencia al deslizamiento, la superficie necesita un perfilado. Sin embargo, la resistencia al deslizamiento es necesaria en dos direcciones: en el plano de la rueda y perpendicular al plano. Los perfilados de superficie, como los empleados en los tractores pesados o en las auto-orugas no serían servibles, puesto que ellos sólo transmiten la fuerza propulsora en el plano de la rueda. La solución más sencilla y efectiva al par, son cortas piezas troncoides, a manera de las ‘apisonadoras’, nombre con que se las conoce desde la construcción de carreteras, y repartidas sobre la superficie de los segmentos de la rueda.” (…)

“Las cortas protuberancias troncoides deben ser algo cónicas, como semi-retirados ojos de caracol. Para facilitar la penetración en el suelo, pueden ser huecas, en cuyo caso tendrían oscuras aberturas en sus extremos libres. Contempladas a cierta distancia, esas oscuras aberturas podrían ser justificadamente comparadas a ‘ojos’.

Rueda multidireccional - Patente de invención N° 3.789.947.
Rueda multidireccional – Patente de invención N° 3.789.947.

” Rueda multidireccional – Patente de invención N° 3.789.947. Vemos pues que la “rueda multidireccional de Ezequiel” cuenta con una mecánica básicamente sencilla de entender aun por el profano en cuestiones técnicas, y que no sólo es realizable sino que ha resultado lo suficientemente funcional y novedosa como para que el Registro de Patentes de los Estados Unidos aceptara definitivamente su invención, otorgándole (en 1974) al ingeniero J. F. Blumrich su aprobación bajo el número de registro 3.789.947. Lo que convierte a éste en ¡el primer invento industrial inspirado en los dichos de un hombre que vivió hace unos dos mil seiscientos años!

¡Bien por Ezequiel! ¡Bien por Blumrich!

¿La “rueda de Ezequiel” en un antiguo dibujo chino?

De igual manera que a menudo encontramos en los más antiguos mitos y leyendas de los cinco continentes referencias que parecen apuntar a la pretérita existencia de portentos tecnológicos vinculados a la presencia de dioses y/o seres sobrenaturales, la larga memoria de China recuerda muy bien a héroes que surcaban las nubes montados en “dragones celestiales” o en fabulosos “pájaros del cielo” , o, más precisamente hablando, sobre “carros voladores” como por ejemplo cuentan los cronistas del pasado acerca del legendario pueblo Chi-Kung: “Los Chi-Kung son un pueblo ingenioso.

Saben muchas cosas que les son desconocidas a otros pueblos. En grandes carros viajan surcando los aires. Cuando gobernaba el mundo el emperador T ‘ang, un viento del oeste llevó a los carros voladores a Yuchow, donde aterrizaron. T ‘ang desmontó los carros, ocultándolos en almacenes, pues el pueblo creía demasiado fácilmente en cosas sobrenaturales, y el emperador no quiso inquietar a sus súbditos. Los visitantes se quedaron diez años, volvieron luego a montar sus carros, los cargaron con los regalos de honor del emperador, y se fueron volando con un fuerte viento del este…”

Quinta Parte

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