El ovni que vio el profeta Ezequiel (2da parte)

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Menzel y el parahelio

Pero no todo el mundo puede, como Blumrich hizo, darse cuenta de que entre los “caballos de hierro” de los indios americanos (que no eran otra cosa que simples locomotoras) y esa “semejanza de la gloria de Dios” de la que hablaba el profeta, no hay, en substancia, mucha diferencia… más allá de la avanzada tecnología entre una y otra, claro está. Y tal vez sea así porque eso requiere una honestidad y libertad intelectual poco común. Una auténtica investigación objetiva implica, entre otras cosas, comprender que, como bien señaló el mismo Blumrich, “tener una opinión propia es tanto nuestro derecho como nuestro deber”, y que “cuando (esa opinión) no concuerda con el resultado de la investigación, es un deber intelectual rectificarla”.

Claro que esa misma honestidad intelectual nos obliga de igual manera a nosotros a tomar en consideración, muy seriamente, otras opiniones como, por ejemplo, la de Donald H. Menzel, la cual es de punta a punta decididamente contraria a una manifestación de tecnología extraterrestre en todo cuanto nos describe el profeta Ezequiel. Según este prestigioso astrónomo sostiene, un poco de imaginación y un bien alimentado espíritu religioso, combinado con un parahelio completo, que consiste en anillos concéntricos que rodean al Sol, los cuales son atravesados por rayos horizontales y verticales que pueden incluir arcos de luz invertidos sobre el anillo externo formando un “arco iris refulgente”, sería más que suficiente para explicar “naturalmente” lo que vio Ezequiel.

Pero nuestro entendimiento y aceptación de la irreprochable lógica científica de ir desde lo sencillo a lo complejo en toda búsqueda de explicación para un hecho problemático, como es sin duda el que aquí nos ocupa, no nos impide notar lo llamativo que resulta saber que, además de no haber tomado en consideración que el profeta hubo relatado en rigor no uno sino cuatro encuentros semejantes en el transcurso de veinte años, la interpretación de lo acontecido en la que Menzel se basa cae en el mismo error conceptual que la mayoría tiene en mente sobre lo que en realidad avistó Ezequiel.

Y lo que esto implica es muy sencillo: como muchos otros, Menzel partió para su interpretación del supuesto hecho de que el profeta vio “halos”, “círculos de luz” o cosas parecidas a “ruedas” en el cielo, lo cual es del todo incorrecto si nos atenemos a lo que dice el texto. De ahí pues que la opinión del parahelio dada por el astrónomo no es atingente al hecho que pretende explicar y en consecuencia es no válida.

Ruedas… “sobre la tierra”

Leamos de nuevo en Ezequiel 1 lo que pone el profeta:

15 Mientras estaba yo mirando los seres vivientes, apareció una rueda sobre la tierra, junto a ellos, junto a los cuatro. 16 Y las ruedas y la materia de ellas era a la vista como crisólito, y las cuatro eran semejantes, y su forma y estructura eran como de una rueda que está dentro de otra rueda. 17 Caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban. 18 Asimismo las ruedas tenían tal circunferencia y altura que causaba espanto el verlas; y toda la circunferencia de todas cuatro estaba llena de ojos por todas partes. 19 Y caminando los seres vivientes, andaban igualmente también las ruedas junto a ellos; y cuando aquellos seres se levantaban de la tierra, se levantaban también del mismo modo las ruedas con ellos. 20 A cualquier parte donde iba el espíritu, allá se dirigían también en pos de él las ruedas; porque había en las ruedas espíritu de vida. 21 Cuando aquellos seres andaban, andaban las ruedas; parábanse, si ellos se paraban; y levantándose ellos de la tierra, se levantaban también las ruedas en pos de ellos; porque había en las ruedas espíritu de vida.

Permítaseme aquí insistir con esto: Ezequiel no vio “anillos concéntricos”, “halos” ni nada por el estilo en el cielo, que es donde se produce cualquier parahelio, sino que, como claramente dice en el texto, mientras él miraba a los “seres vivientes”…”apareció una rueda sobre la tierra…” y “cuando aquellos seres se levantaban de la tierra, se levantaban también del mismo modo las ruedas con ellos”.

Otros detalles significativos

Si bien los primeros estudios sobre este fenómeno atmosférico —el parahelio, o “falso sol” como también se lo llama— fueron llevados a cabo por los investigadores alemanes J. M. Pernter y F. M. Exner a comienzos del siglo XX, el mismo es desconocido aún hoy por la mayoría de las personas (de hecho, según el mismo Dr. Donald Menzel pudo averiguar, sólo uno de cada cinco pilotos comerciales y militares sabe de qué se trata un parahelio). Y por supuesto, en un muy alegre dos más dos —según Menzel— , eso nada más convertiría a Ezequiel en “presa fácil” de este magnífico espectáculo del cielo que tiene lugar en las puestas o salidas del sol invernal, especialmente en los muy fríos amaneceres; un fenómeno que es por demás habitual en la Antártida y el Ártico tal y como se ve en esta ilustrativa foto tomada por meteorólogos que integran la dotación de la Base Antártica Belgrano II de Argentina:

Parahelio.

Parahelio. Sin embargo, curiosamente, fue el mismo Ezequiel el que primero hizo referencia a un fenómeno atmosférico para describir lo mejor que pudo aquello que vio al señalar: “Cual aparece el arco iris cuando se halla en una nube en día lluvioso, tal era el aspecto del resplandor que se veía alrededor” (Ez 1,28). Lo cual bien puede entenderse como un intento racional (analítico) por parte del profeta que buscaba explicar de algún modo lo que tenía frente a sus ojos repasando en su cabeza, de conformidad con su mejor saber y entender, las muchas manifestaciones de la Naturaleza que se daban en el cielo. Y aunque, por supuesto, sea lícito suponer que un parahelio le sería desconocido, no parece admisible endilgarle ignorancia supina para distinguir lo que está “arriba” (en el cielo) de lo que está “abajo” (en el suelo). Y las ruedas, sea dicho una vez más, aparecieron “¡sobre la tierra!”

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