Las Pirámides y su relación con la Constelación de Orión

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Los textos de las pirámides fueron traducidos al inglés y de ellos podemos extraer este pequeño fragmento: «Oh rey, eres esta gran estrella, el compañero de Orión, que atraviesa el cielo con Orión, que navega el otro mundo con Osiris, asciende a la Eastof el cielo, te renuevas en tu debida estacion y rejuveneces en  su debido tiempo. ” El cielo que ha parido con Orión”.

Robert Bauval

El ingeniero Robert Bauval ha desarrollado a través de una hipótesis astronómica. Según su teoría, estas tres pirámides son una traducción en la tierra de las disposición las tres estrellas centrales de la constelación de Orión. En particular, la correlación puede ser exactamente correspondiente al cielo en el 10.500 A.c. con lo que da a señalar una fecha particularmente importante por alguna razón.

Esta teoría identifica en Egipto entre el dios Osiris, la constelación de Orión y la diosa Isis y Siria. Robert Bauval fue más allá de su hipótesis, puesto que hace referencia a la esfinge que acompaña las tres pirámides, dice que los últimos estudios geológicos de los hallazgos de geofísico Thomas Dobecki y el geólogo de la Universidad de Boston Robert Schoch (no aceptada por los arqueólogos oficiales), ignorando siempre las opiniones de expertos en otras ciencias, en este caso la geología. Hay marcadas y claras señales y marcas de la erosión causada por la abundancia de agua en la esfinge. Y la última abundancia de agua, precisamente, 10.000 a.c….

Es importante recordar que la gran mayoría de restos arqueológicos, se sabe con total seguridad, permanecen enterrados bajo la arena o incluso dentro de conocidos monumentos, como el laberinto de pasillos y cámaras huecas, detectados en el interior de la gran pirámide por un equipo de japonés de 1987 de la Universidad Waseda de Tokio. La razón que no investiga haciendo nuevas excavaciones es debido a la dificultad de conseguir permisos de excavación por las autoridades egipcias, que principalmente está interesado en el turismo y su dinero y tienden a usar sus “descubrimientos” en forma mediática y a su propia manera, como la vertiente de los medios de comunicación que fue montada en pocos años con la difusión de un robot abriendo una puerta en un pasillo de la ventilación de la gran pirámide. Todo esto debe añadir a la reticencia de que  arqueólogos extranjeros de hagan sus propias excavaciones.

Bauval pronto incorporo a su teoría los hallazgos realizados en 1964 por el astrónomo Alexander Badawy  y la egiptóloga Virginia Trimble. Ambos estudiaron los dos conductos, del lado de 20 x 20cm, que había comenzado desde la casa del rey de la gran pirámide y que atraviesan todo el edificio de mampostería para salir al exterior. Su objetivo era demostrar que estos ductos no eran simples canales de ventilación, pero representaban una tarea más simbólica como, por ejemplo, guiar al alma del Faraón a ciertas estrellas que podrían ser alineados por los dos conductos estrechos.

El Cinturón de Orión podía ver perfectamente a través del conducto del sur en el año 10500 A.C.. El Canal tiene una inclinación de 44,5 grados y 31 grados norte. En él a 2500, a. C. el ángulo de las tres estrellas del cinturón de Orión eran de unos 73 grados con el meridiano, sin embargo el ángulo de la rampa fue de 44,5 grados. Para el año 10500 A.C. el ángulo de las estrellas de Orión era muy cerca de 45 grados.

Con respecto a la posición física de las pirámides en relación con las tres estrellas del cinturón de Orión, puede indicar los siguientes hechos: las tres estrellas están alineadas hacia el sudoeste mientras cruzan el meridiano. Las tres pirámides están alineadas en el sudoeste con el meridiano. La más alta estrella, Delta Orionis, se desvía ligeramente hacia el este de la diagonal proyectada las otras dos estrellas.

La Pirámide sur, Micerinos, está ligeramente separada hacia el este con respecto a la línea diagonal diseñada por las otras dos pirámides. Delta Orionis es también mucho menos brillante que las otras dos estrellas, que son de una magnitud similar (magn. 2.20, comparado con 1.70 y 1.79). La pirámide de Micerinos es también mucho menor que los otras dos piramides que son muy similares en altura (65 metros comparados con 147 y 143 metros). La estrella en el centro, Epsilon, es casi equidistante a las otras dos estrellas. La pirámide del medio, Kefrén, es casi equidistante a las otras dos pirámides.

Tecnología de hace 5,000 años

En 1998, Bauval respaldo su hipótesis con la publicación de la su obra “Espejo del paraíso”, de Graham Hancock. Este libro fue el resultado de varios viajes en busca de pruebas que demuestran que las personas con conocimientos astronómicos avanzados, como la precesión de la tierra ya existían en la noche de los tiempos. Su opinión se basó en estudios anteriores por la Universidad de Frankfurt y el Instituto Tecnológico de Massachusetts en 1969. Argumentaron que en los mitos de los pueblos  del mundo allí es donde se encuentra suficiente evidencia para sostener la existencia de conocimiento astronómico que sólo ciertas razas son iniciados en estos saberes. Un saber que podía entender el fenómeno de la precesión.

La precesión de la tierra demuestra que estrellas no son siempre están fijas en el firmamento, sino que suelen moverse a un ritmo peculiar y difícil de calcular. La existencia de este movimiento se deduce de la observación cuidadosa de los movimientos de las estrellas en el cielo a través de los siglos. Es un movimiento casi imperceptible, sólo un grado en el cielo cada setenta y dos años, como resultado del viaje de la tierra a través del espacio. Alguien en el pasado, sin satélites ni computadoras, calculadoras, sin planisferios de dio cuenta de ellos

El año 10.500 a.C y más aun cuando otros estudios científicos, nos marcan el inicio de una civilización perdida que nos dejaron sus huellas a través de sus monumentos y escritos, certificando la relación estelar con el hombre de aquellos tiempos, verdaderos a profesionales en arquitectura, Astronomía y tecnología.

Monumentos vivos como  la esfinge, las pirámides de Kheops, Kefrén y Micerinos o (Khufu, Dana y Menkaura) son testigos de una civilización perdida  de los tiempos.

Hoy sabemos que todo lo que existe en la meseta de Giza, pirámides y Esfinge describe el universo como sus constructores lo vieron.

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